DE LOS AMORES VELLOS - (asturias)

Él nunca fue un pelo cualquiera. No era uno de aquellos infelices nacidos en los suburbios del entrecejo ni había tenido que crecer hacinado entre otros tantos en las eternas humedades de una axila. No. Pe Lopincho brotó tímidamente en el extrarradio de una rodilla perfecta y poco a poco se reveló en un joven fuerte, un tanto desafiante, quizás voluptuoso… de cuerpo terso, moreno y largo.

Aquel primer cruce de miradas en la rodilla había sido ¿cómo explicarlo? Curvadamente perfecto, incluso un punto erótico y, sin embargo, ella supo desde entonces que lo suyo sería un amor imposible. Ambos se habían asomado, sí; Maqui llevada por la osadía de una negrura brillante, Pe, por el destello plateado de algo en su horizonte. Sin embargo, no era Maqui Ni Lla de las que se dejaban llevar por los sentimientos, por muy a flor de piel que naciesen. Y eso que se lo había imaginado. Otro encuentro, quizás más íntimo y resbaladizo, animado por algo de espumilla perfumada, podría haberles embriagado a tal extremo que… Oh, Pelo, amor de mi desvelo. Oh, Pincho, en tu crecer me hincho- pensó de pronto. Pero no. No y no.  Demasiado afilada, brillante y profesional en lo suyo para una cosa así. Muchas habían sido ya usadas y tiradas después sin más contemplaciones. Ella al menos cumpliría aquella misión antes de entregarse a su destino.
 
El tiempo se agotaba inexorablemente. Maqui supo que si ella no hacía el trabajo otra no tendría piedad, así que decidió cortar el piloso asunto, no de raíz, pues nunca se sintió capaz, sino a un par de milímetros. El gesto fue dubitativo primero, luego ya firme, irremediable. La joven Der Mis, presente en la tragedia, dejó escapar una imperceptible lagrimilla roja en honor al fatal destino de los amantes. Aquella fue la primera y única vez que sus cuerpos anhelantes se rozaron. Ni un segundo apenas…Ambos murieron de amor en el minuto 15 de un 9 post meridian.

 
         
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